Y, contemplando toda esta realidad, me pregunto: ¿Qué hacer para que todo no quede en un mes? ¿Qué hacer para que esos corazones, como la plata y los fanales, no vuelvan a coger polvo durante el año, después de haber brillado tanto en estos días? ¿Cómo anunciarles el Dios del Amor que ahora soportan sobre sus hombros o acompañan como penitentes, para que lo sigan haciendo, sin tanto esfuerzo, durante todo el año?
Y, mientras me enredo en mis interrogantes de evangelizador, se me vuelve a olvidar que esto sigue siendo cosa de Dios, a Él le pido que siga cargando con la vida de aquellos que cargan con su imagen, que siga limpiando con su gracia, aunque sólo sea una vez al año, los corazones que se ponen en sus manos y que al resto nos ayude a no juzgar lo que, pareciendo inútil, es sincronización anual de una fe que sólo Dios conoce. Por eso… COMO IGLESIA Y EN LA IGLESIA: ¡ADELANTE COFRADES!" (Juan Antonio Guedes, para "El Espejo de la Diócesis").
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