
¿Qué se pretende? Sobre todo acoger a aquellos fieles cristianos que han visto fracasar su matrimonio y viven situaciones difíciles como son la separación, el divorcio, la maternidad monoparental, etc. La Iglesia debe acoger siempre a sus hijos. Hemos de vivir en la verdad y, evidentemente, no todas las situaciones tienen el mismo valor. Pero precisamente porque valoramos el matrimonio y la familia con su ideal evangélico, es por lo que debemos apoyar al que ha sufrido la quiebra personal en esta vital dimensión de su vida.
¿Quiénes pueden participar? Cristianos que se han separado o divorciado y han iniciado una nueva convivencia no sacramental, o no lo han hecho. Cristianos que no entienden por qué no pueden comulgar ni recibir los sacramentos y se sienten excluidos, a veces hasta excomulgados, de la vida de la Iglesia. Padres de niños de primera comunión en estas circunstancias, etc.
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