
Al concluir la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos y al entrar en el mes de Manos Unidas, uno puede preguntarse por lo que exige saltar por encima de las diferencias y abrazar las manos que necesitan las nuestras. ¿La solidaridad? ¿La pena o la compasión ante el mal ajeno? ¿Qué nos hace buscar la unidad entre nosotros y la unidad con los de más allá? ¿Cómo hacer despertar el mes de febrero?
Lo puedes llamar pasión por Cristo; lo puedes calificar como admiración por la verdad y el bien; lo puedes denominar adhesión inconmovible a la experiencia del Evangelio; como lo quieras llamar... Porque lo que hace falta, en fondo, no es otra cosa que renovar el fervor.
No nos equivoquemos, y lo digo con la humildad del necesitado de lo que pido: la nueva evangelización sólo será posible si alcanzamos el fervor de los santos. El fervor es la respuesta a un primer amor que nos ha hecho posibles. Él nos amó primero. Con afecto, y como siempre, un amigo" (Juan Pedro Rivero, para el programa de radio "El Espejo de la Diócesis").
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