Cuando miro estos años pasados, me doy cuenta que en cada momento y situación me he sentido acompañado y querido por Dios. A lo largo de mi vida he bebido en muchas fuentes buscando dar sentido pleno a mi existencia, buscando la felicidad. Hoy puedo decir que en Jesucristo vivo me he encontrado con La Fuente de la Felicidad. En Él y sólo en Él, todo lo vivido, bueno y malo, tiene sentido, y todo el camino realizado me ha conducido hasta Él. Esta certeza me ha inundado de una alegría que jamás había experimentado y que nada ni nadie me había proporcionado. Merece la pena dejarlo todo y atender esta llamada.
La ordenación de diácono este sábado 8 de octubre, la estoy viviendo como un tiempo de gracia de Dios, pero no sólo para mí, sino para toda la Iglesia; además, llega en el momento en el que comenzamos a dar pasos hacia el nuevo Plan Diocesano de Pastoral, donde podré servir como diácono a la Iglesia, en la Palabra, la Liturgia y la Caridad, como discípulo y misionero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario