
Para el prelado, ante todo, la situación debe servirnos para apoyar y ayudar más a los sacerdotes en su misión y tenerles en mayor estima por lo que son y el servicio que nos prestan... Sin verdaderos cristianos no hay vocaciones al sacerdocio, ni seminaristas, ni sacerdotes. Éstos no caen del cielo, sino que salen de los jóvenes de nuestras familias, de nuestras parroquias y de nuestros movimientos apostólicos. Asimismo, tiene que dolernos la falta de sacerdotes…. Un dolor que nos hace clamar a Dios desde lo más profundo de nuestro corazón y pedirle por las vocaciones, por el seminario...
La carta íntegra está en la web del obispado
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